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El maletín

por Lui Abadi

El maletín

El maletín

por Lui Abadi

Me llamo Luis Abadi (1975). 

Al nacer recibí un maletín de mandatos: el maletín de mi abuelo Luis Abadi. Un maletín que me entregó su hijo, mi padre. 

Durante muchos años usé el maletín. Recorrí la capital y las provincias, conocí mucha gente. Jamás lo cuestioné ni lo juzgué. Disfruté del maletín de mi abuelo, lo defendí con energía polar y a los disparos. 

En 2001 me transformé en un guerrero y me revelé ante el maletín, lo desmantelé. Quiero decir: le fui levantando velo tras velo hasta desvelarlo del todo. 

Adentro encontré a mi abuelo, a mi padre pero también a mi bisabuelo. A todo mi linaje masculino. 

Encontré las ciudades de Aleppo y Jerusalén. Encontré monedas de todos los países del mundo. Encontré mantos sagrados, ropajes de reyes y sacerdotes. Encontré pieles de descarte y sangre de supervivencia. Escopetas, pistolas, bayonetas. Encontré un cuchillo. Encontré infinitos contratos y sus infinitas copias de infinitas personas, instituciones y empresas. Encontré una biblioteca legal entera. 

Y encontré la llave universal que abre puertas y portales: una antigua cámara de fotos de algún Luis Abadi anterior. La cámara, en perfecto estado, contaba –cuenta– con un sistema de espejos que canaliza el tiempo presente y lo resignifica. 

El maletín quedó partido y decidí partir. Partir el tiempo lineal con la cámara por los caminos de la búsqueda del instante preciso. 

Me transformé en un arquero zen que respiraba y disparaba. Medité cada imagen limpiándola de mi energía. Durante nueve años, día por día, realicé el mismo ritual hasta quedarme vacío, hasta lograr fotografiar con neutralidad y precisión. 

Encontré belleza y amigos. Muchas veces, también, fotografié con ira y resentimiento. Limpiar los archivos fue clave, no apegarme, no juzgar. 

Cuando nacieron mis hijos, sentí el impulso del retorno. Busqué el maletín y lo miré con ojos nuevos. Ojos calmos y pacientes. Contemplativos, neutrales. Me reencontré con mi padre y con mi abuelo. Con mi bisabuelo, con todo mi linaje. Todas las piezas del maletín estaban ahí. No faltaba ninguna. Las junté. Descarté las que ya no me servían. 

El maletín fue reconstruido y tiene asombrosas funciones nuevas. Puede volverse transparente y traer abundancia material y espiritual. 

Recibe el presente.